Pasar de analizar campañas políticas a escribir sobre un dragón que aprende a reconocer sus emociones podría parecer un cambio radical. Para Roberto Trad Hasbun, ambos terrenos comparten algo fundamental: entender a las personas, sus emociones y las decisiones que toman a partir de ellas.
Durante la presentación de Historia de un Dragón, el estratega explicó en entrevista que su incursión en la literatura infantil forma parte de una trayectoria creativa que no comenzó con la política.
“Somos muchas cosas a la vez y somos muchas emociones”, expresó Trad al recordar que desde niño escribía poesía.
La creatividad no entiende de profesiones
Uno de los planteamientos centrales de Trad apunta directamente a quienes desarrollan su carrera dentro de áreas altamente especializadas: salir del espacio profesional conocido también puede convertirse en una herramienta para crear.
“Tenemos que empezar a borrar fronteras, incluso entre conceptos, entre disciplinas, entre profesiones, y empezar a comunicar y empezar a crear en otros espacios en los que quizás no estamos cómodos”, explicó.
Su trayectoria en comunicación política aparece en Historia de un Dragón de una manera indirecta.
El vínculo se encuentra en el estudio de las emociones.
Comunicar también requiere comprender qué sentimos
Trad sostiene que las emociones se encuentran detrás de numerosas decisiones.
“Las emociones nos gobiernan. Las emociones son el motor que está detrás de muchas decisiones”, señaló.
Esta premisa permite que el libro dialogue con distintas audiencias. Para un niño significa comenzar a identificar aquello que siente; para un adulto supone reconocer que las decisiones racionales no están completamente separadas del componente emocional.
El autor identifica cuatro emociones que forman parte del recorrido de su personaje:
- Soledad
- Tristeza
- Miedo
- Enojo
La historia utiliza estos estados emocionales como parte del proceso de aprendizaje del dragón.
Un proyecto construido también desde la familia
El universo visual de la obra surgió parcialmente de la relación de Trad con sus hijos.
Dragones, ajolotes y armadillos forman parte de los animales que despiertan interés dentro de su familia. A ellos se suma una referencia cultural mexicana: Quetzalcóatl.
“El dragón nos une”, dijo Trad al explicar la elección.
El proyecto también modificó sus expectativas como escritor. El autor reconoció que inicialmente no contemplaba desarrollar una faceta dentro de la literatura infantil.
“Yo no esperaba ser escritor infantil”, admitió.
La primera edición fue pequeña. Posteriormente llegó una reimpresión y, según relató Trad, los ejemplares se agotaron en Amazon. La siguiente etapa consiste en una edición popular, en pasta blanda y disponible con cuatro portadas.
El objetivo es ampliar su alcance.
“La literatura infantil no puede ser un lujo”, afirmó.
Crear fuera de la zona conocida
Historia de un Dragón representa también un ejercicio sobre creatividad, comunicación y diversificación profesional.
Trad ha escrito poesía, textos políticos y trabajos vinculados con campañas electorales. Esta vez cambia de audiencia, pero conserva como punto de partida el comportamiento humano.
Su experiencia plantea que la especialización profesional no necesariamente obliga a permanecer dentro de una sola disciplina. En su caso, política, literatura, paternidad y comunicación terminaron encontrándose alrededor de una misma pregunta: ¿hasta qué punto nuestras emociones determinan nuestras decisiones?

